Rio Lagartos, Yucatán
Rio Lagartos, Yucatán
Mientras que para muchos las fechas decembrinas significan luces, compras, frío y destinos abarrotados, para nosotros en esta ocasión fue muy distinto…
No buscábamos ruido, ni agendas llenas, ni planes por cumplir; Necesitábamos calma, naturaleza, mar abierto… pero, sobre todo, un lugar donde pudiéramos aislarnos un poco del mundo para simplemente estar.
El último trimestre del 2025 fue emocional y físicamente muy intenso. Todo pasó demasiado rápido y, para finales de año, aún seguíamos en shock.
(Si deseas conocer qué fue lo que nos sucedió, te invito a leer la historia El último adiós de un Amor Eterno)
Por eso, este viaje no era solo una escapada: era una pausa necesaria. Un espacio para desconectar de todo lo externo y, poco a poco, volver a encontrarnos a nosotros mismos ✨
Así comenzó nuestra ruta hacia El Cuyo, un pequeño paraíso en la costa norte de Yucatán que invita al slow tourism, al ecoturismo consciente y a dejar que el tiempo vuelva a tener otro ritmo.
Salimos temprano de Mérida rumbo a Río Lagartos, un trayecto de poco más de dos horas y media que se siente ligero cuando sabes que algo especial te espera al final del camino.
Llegamos alrededor del mediodía al restaurante El Manglar, un lugar típico desde donde salen los tours por la ría. El lugar tiene un ambiente típico de pueblito pescador y está acondicionado para estacionarte, cambiarte, comer y estar listo para la experiencia.
Descubrimos este lugarcito gracias a la recomendación de mi querida amiga Trini Fernández, de Yucatecos Viajeros… Y sí: si los mencionas, ¡te hacen descuento en el tour! 😉
Recorrer la ría en barquita es una experiencia que impresiona desde el primer momento. Durante aproximadamente 50 km de recorrido, desde Río Lagartos hasta Las Coloradas, el paisaje va transformándose entre manglares, espejos de agua y vida silvestre en su máxima expresión.
Ver lagartos tan de cerca, en su hábitat natural, es impactante. Los guías conocen el lugar a la perfección; incluso han nombrado a muchos de ellos y saben exactamente dónde encontrar sus guaridas.
Tuvimos la enorme fortuna de cerrar el recorrido con un atardecer frente a una parvada de flamencos, acompañados también por algunos pelícanos que, en un momento, se posaron sobre nuestra barca.
✨Todo fue mágico: silencio, luz dorada, naturaleza… uno de esos instantes que se sienten casi irreales.
El tour también incluye una parada en una playa virgen y la observación de los llamados ojos de agua dentro de la ría. Para ser la primera parada de nuestro viaje, la experiencia fue simplemente alucinante.
Por cuestiones de tiempo, tomamos el tour de 3 horas, pero si pueden optar por el de 4 o 5 horas, vale muchísimo la pena para disfrutar aún más de las playas vírgenes. También para los más atrevidos ofrecen el safari nocturno… y sinceramente, creemos que debe ser una experiencia increíble.
Al finalizar el tour, retomamos la carretera rumbo a El Cuyo. Llegamos justo cuando caía la noche y nos hospedamos en un pequeño hotel frente al mar, perfecto para lo que buscábamos: desconectar, cuidarnos mutuamente, dejarnos consentir por la calma y contemplar el océano desde la habitación.
El plan para los siguientes días era simple y cero pretencioso: caminar por la playa, recolectar conchitas, respirar profundo y dejar que el mar hiciera su trabajo.
El Cuyo es un pueblito costero donde la pesca es la actividad principal, y eso se refleja en su gastronomía: langosta, pulpo, camarones y pescado fresco forman parte del menú cotidiano.
Aunque todavía no hay demasiados restaurantes —y agradezco profundamente que así sea—, los que existen son más que suficientes para crear tu propia rutina: elegir dónde desayunar fruta fresca, dónde comer después de una caminata por la playa y dónde tomarte un drink para refrescarte… definitivamente no se necesita más.
La primera noche, después de la intensidad emocional de la ría, cenamos en Piccola Italia, un restaurante italiano atendido por dos hermanos italianos que elaboran pasta fresca y pizzas artesanales. Cerrar el día con una pasta de mariscos, una copa de vino, tiramisú casero y una crema de limoncello fue, sin duda, el broche perfecto 🍷👌🏼
Los días siguientes estuvieron marcados por el buen clima y una tranquilidad que se agradeció profundamente. Las jornadas se dividían entre largas caminatas junto al mar y decidir, sin prisas, qué nos apetecía comer ese día.
Ceviches, aguachiles, pescado frito, langosta… sabores simples, frescos y honestos. Nada sofisticado, pero todo profundamente reconfortante.
De regreso a Mérida, hicimos una última parada en Las Coloradas para visitar el parque ecoturístico y recorrer la salinera. Existen tres opciones para el tour: safari (90 minutos), bicicleta o caminando.
No alcanzamos el horario del safari, así que optamos por hacerlo en bici… y aunque el calor se hizo notar, lo disfrutamos muchísimo.
Para cerrar la visita, comimos en Las Gaviotas, un restaurante local donde probé uno de los mejores ceviches de mariscos, acompañado de una michelada bien helada. Después, una caminata tranquila por la playa, una charla con los pescadores… y finalmente, el regreso a casa.
El Cuyo no es un destino para quien busca fiesta o itinerarios llenos. Es un lugar para sentir, para escuchar el silencio, para dejar que el mar te abrace.
Para nosotros, fue un viaje de desconexión y reconexión. Un espacio seguro después del dolor, donde la naturaleza, sin decir una sola palabra, hizo su trabajo.
A veces no necesitamos ir lejos para encontrar respuestas.
A veces basta con detenernos, mirar el horizonte… y permitirnos descansar el alma. 🤍
Si deseas visitar el Cuyo y deseas un poco más de información, puedes preguntarme en los comentarios, con gusto te daré mis mejores recomendaciones!
Las Coloradas, Yucatán
Te comparto algunas fotos de mi experiencia en el Cuyo... ¡Nos leemos muy pronto!
Con gratitud y cariño, me despido de ti. 💖✨
Rox Balam Experiences