París sin prisas: mis recorridos favoritos para descubrir y disfrutar la ciudad
Una selección personal de paseos, lugares y experiencias para descubrir París con calma.
Una selección personal de paseos, lugares y experiencias para descubrir París con calma.
París cambia por completo cuando dejas de intentar verlo todo, cuando desaparece la prisa, la ciudad empieza a regalarte otros momentos: desayunos que se alargan, terrazas que invitan a pedir una copa más, jardines donde apetece caminar sin rumbo y calles donde el verdadero placer está en detenerse a observar.
Es entonces cuando descubres que en París no hace falta correr de un monumento a otro para entender su esencia, basta con recorrer algunos de sus quartiers y dejar que la ciudad marque el ritmo. Esta selección nace precisamente de esa forma de descubrir la ciudad, no pretende ser una guía con una lista de imprescindibles ni un itinerario para conocer París en un fin de semana; solamente reúne las zonas que, en mi opinión, mejor representan una forma de disfrutar París, dedicándole tiempo a esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos…
Place Vendôme, Rue Saint-Honoré y el placer de contemplar la belleza parisina
La Place Vendôme evoca ese París elegante y atemporal que ha sabido conservar su esencia a lo largo de los siglos, sus edificios de piedra perfectamente simétricos, los hoteles históricos y las boutiques de las grandes casas de joyería crean una atmósfera royale que invita a detenerse y admirar la belleza del lugar. Desde allí comienza uno de mis paseos favoritos: recorrer la Rue Saint-Honoré.
Más que una calle comercial, es una de esas avenidas donde el lujo se vive de forma discreta, aquí conviven algunas de las firmas más emblemáticas de la alta costura francesa con galerías de arte, hoteles boutique y cafés que parecen formar parte del paisaje, incluso si no tienes intención de comprar, vale la pena caminar con tranquilidad, descubrir las colecciones, observar los escaparates y apreciar el cuidado con el que cada detalle parece estar pensado.
Entre mis paradas habituales está el restaurante La Coupe d’Or, por su ubicación privilegiada frente a Maison Dior y a pocos pasos de Saint Laurent. Pedirme un kir royal como aperitivo y observar el ir y venir de la rue Saint-Honoré es una de mis experiencias favoritas.
Place de la Concorde, Jardin des Tuileries y el Louvre
Después de comer, suelo continuar hasta la Place de la Concorde para adentrarme en el Jardin des Tuileries.
En los días de verano, las clásicas sillas verdes de las Tuileries se llenan de parisinos disfrutando del sol, leyendo un libro o simplemente haciendo una pausa antes de continuar con el día. A medida que avanza la tarde, el camino te conduce hacia el Museo del Louvre, con la llegada de la golden hour, la luz dorada del atardecer se refleja sobre las pirámides de cristal y crea un contraste espectacular con la arquitectura renacentista del antiguo palacio real.
Si disfrutas la fotografía, intenta llegar a esta hora, es uno de los momentos más bonitos para hacer fotos: prácticamente cualquier ángulo parece sacado de una postal. Además, como es prácticamente la hora de cierre del museo, el ambiente suele ser mucho más tranquilo, la mayoría de los turistas ya se han marchado, lo que permite recorrer la explanada con calma y apreciar mucho mejor el lugar.
Place de la Madeleine, una tarde al más puro estilo parisino
A pocos minutos de la Rue Saint-Honoré, la Place de la Madeleine ofrece una manera diferente de disfrutar el centro de París.
Si en Saint-Honoré la alta costura marca el ritmo del paseo, en Madeleine la elegancia se vive de una manera mucho más cotidiana, aquí es habitual ver a los parisinos haciendo una pausa para tomar el té, disfrutando de una tarde de compras o simplemente dejándose llevar por el ambiente de la zona. Me gusta recorrer la plaza sin un itinerario definido, entrar en alguna boutique que despierte mi curiosidad y descubrir esas pequeñas tiendas que hacen que caminar por Madeleine sea parte del plan.
Después de unas horas de shopping, casi siempre hago una parada en Fauchon o Ladurée, sentarme a tomar un té acompañado de unos macarons antes de seguir es una de esas pequeñas costumbres que asocio inevitablemente con Madeleine.
Opéra y el Quartier Haussmann, del Palais Garnier a los grandes almacenes
La zona de Opéra y el Quartier Haussmann forman parte de uno de esos recorridos en los que arquitectura, historia y ese lado más cosmopolita de París conviven a pocos pasos de distancia. Y quizás el mejor punto para comenzar sea el Palais Garnier.
El Palais Garnier es una auténtica obra maestra de la arquitectura francesa, basta con detenerse unos minutos frente a su imponente fachada para apreciar la riqueza de sus esculturas, columnas y detalles dorados, que evocan el esplendor del segundo imperio.
Si tienes la oportunidad, vale la pena conocer su interior: La gran escalinata de mármol, los salones decorados y el techo pintado por Marc Chagall hacen que la visita vaya mucho más allá de asistir a una función de ópera.
En Palais Garnier, me gusta hacer una pausa en Beau Coco, ya sea para disfrutar del brunch o simplemente tomar un café acompañado de alguno de sus postres… un pequeño plaisir antes de salir de nuevo a la ciudad.
A pocos pasos de Opéra se encuentra el Quartier Haussmann, uno de los grandes referentes del shopping parisino, aquí se encuentran Galeries Lafayette y Printemps, dos grandes almacenes históricos que, por sí solos, ya justifican acercarse a esta zona.
Galeries Lafayette es mucho más que un lugar para ir de compras, su impresionante cúpula art nouveau hace del edificio una visita en sí misma y, durante la Navidad, sus escaparates y la decoración interior forman parte de una de las tradiciones más bonitas de París.
Además de contemplar el interior de la galería, subir a su rooftop es la cereza del pastel, las vistas sobre los tejados de París son espectaculares, especialmente cuando aparece la Torre Eiffel dominando el paisaje.
Eso sí, el bar St Germain del rooftop de Galeries Lafayette suele estar bastante concurrido, para disfrutar de una panorámica muy similar con un poco más de tranquilidad, mi elección está justo enfrente: el rooftop "Le Picnic by Veuve Clicquot" de Printemps, me gusta sentarme con una copa de champagne, disfrutar de una buena plática y simplemente contemplar París desde allí… Es difícil imaginar un mejor escenario.
Arco del Triunfo, Trocadéro y Torre Eiffel, un paseo con la mejor vista de París
Hay pocas imágenes tan representativas de París como el Arco del Triunfo presidiendo la Place Charles-de-Gaulle, desde aquí comienza otro de mis recorridos favoritos: caminar hasta Trocadéro para después acercarme a la Torre Eiffel.
La distancia es de poco más de un kilómetro y medio y el trayecto transcurre principalmente por la Avenue Kléber, una de las grandes avenidas del 16ᵉ arrondissement, no es una zona especialmente turística ni está llena de monumentos y precisamente ahí está parte de su encanto: sus amplias aceras, las fachadas haussmannianas y los elegantes edificios residenciales muestran una cara mucho más cotidiana de este quartier parisino.
Al final de la avenida aparece la Place du Trocadéro y, con ella, esa vista de la Torre Eiffel que tantas veces hemos visto fotografiada, la perspectiva desde aquí es difícil de superar, la explanada y los alrededores del Palais de Chaillot ofrecen diferentes ángulos desde donde poder capturarla.
También disfruto mucho del ambiente de los cafés y bistrots que rodean la plaza, entre mis paradas habituales está el Café du Trocadéro, sentarme en la terraza con la Torre Eiffel enfrente y pedir unos escargots, seguidos de un entrecôte avec ses frites acompañado de un Saint-Émilion, es uno de esos placeres que más disfruto en esta zona.
Después de comer, me gusta bajar caminando por los jardines del Trocadéro hacia el Sena, por supuesto acompañado de un gaufre au chocolat como postre… una pequeña tradición que inevitablemente forma parte de este paseo.
Al llegar al Pont d’Iéna, la perspectiva cambia por completo, cruzar el puente a pie permite apreciar realmente las dimensiones de la Torre Eiffel mientras, poco a poco, va ocupando todo el paisaje hasta encontrarte prácticamente a sus pies.
Sin prisas, sin necesidad de subir a ningún sitio y dejando que la vista acompañe el paseo… para mí, esta sigue siendo una de las formas más bonitas de disfrutar la Torre Eiffel.
Montmartre, el París más bohemio desde las alturas
Montmartre tiene una personalidad completamente diferente al resto de las zonas de esta selección. Aquí las grandes avenidas dejan paso a calles estrechas, pequeñas plazas, fachadas cubiertas de vegetación y rincones que todavía conservan parte del espíritu bohemio que hizo famoso al quartier.
Para comenzar, me gusta subir en el funicular y acercarme a la Place du Tertre, la conocida plaza de los artistas. Pintores locales, bares y restaurantes ocupan buena parte de la plaza, recordando la época en la que Montmartre se convirtió en punto de encuentro de algunos de los grandes nombres del arte de finales del siglo XIX y principios del XX.
Y ya que estás rodeado de artistas, te recomiendo dejarte llevar por el espíritu de Montmartre y posar para alguno de ellos… regresar a casa con un retrato hecho allí puede convertirse en una bonita anécdota del viaje.
Desde la plaza, adentrarte en las calles de Montmartre te descubre un París completamente diferente, las pendientes, las escalinatas y las vistas que aparecen entre los edificios hacen que recorrer la colina tenga un encanto muy particular. A medida que avanzas, llegarás a la Basilique du Sacré-Cœur, en lo alto de la Butte Montmartre, si puedes elegir el momento, intenta hacerlo hacia el final de la tarde, tómate un tiempo para sentarte en las escalinatas, contemplar desde allí cómo cambia la luz sobre los tejados de París al caer la tarde vale muchísimo la pena.
Como dato curioso, si eres fan de Le Fabuleux Destin d’Amélie Poulain, probablemente habrás reconocido este escenario. Es aquí, a los pies del Sacré-Cœur, donde Amélie prepara una particular búsqueda del tesoro para Nino, guiándolo con una serie de pistas y flechas por los jardines y escalinatas de Montmartre hasta llegar a la basílica…
Después de contemplar la puesta de sol sobre París, suelo regresar hacia la Place du Tertre y elegir alguno de sus restaurantes para cenar. Cuando cae la noche, las terrazas se llenan, los artistas continúan trabajando y las luces cambian por completo el ambiente de la plaza… en mi opinión, no hay mejor forma de cerrar el día.
Y eso es precisamente parte del encanto de París: saber que siempre queda algo por descubrir, incluso en aquellos lugares a los que has vuelto una y otra vez.
Porque París es una ciudad a la que siempre apetece volver… y la mejor manera de disfrutarla es, definitivamente, caminar sin mirar el reloj.
Te comparto algunas fotos de mis recorridos en París ¡Nos leemos muy pronto!
Si pudieras disfrutar París sin mirar el reloj… ¿qué lugar elegirías para perderte por unas horas? Me encantará leerte en los comentarios…
Rox Balam Experiences