La caja de Pandora
Lo que no se ve detrás de una sonrisa
Lo que no se ve detrás de una sonrisa
Hay días en los que me despierto con una sensación difícil de explicar… Es como un peso que aparece sin avisar, una mezcla de sentimientos encontrados, como si por un momento todo me sobrepasara.
Y aunque a veces intento convencerme de que no sé bien de dónde viene, en el fondo sí lo sé. No es un solo motivo, es todo lo que se ha ido acumulando; es ese duelo que no termina de cerrarse del todo, que cambia de forma pero sigue presente.
Son emociones contenidas, quizás las hormonas o el corazón pidiendo un momento para él… todo mezclándose en días en los que simplemente no tengo la misma capacidad de sostenerlo todo como normalmente lo hago.
Porque la mayoría del tiempo sí puedo, y lo hago. Me enfoco en el presente, en lo que estoy construyendo, en lo bonito que también existe.
Sin embargo, algo que aprendí en terapia es que no siempre se puede estar bien, que hay días en los que el alma nos pide apapacharla, y que las lágrimas también limpian y alivian.
Es ahí donde me atrevo a mirar dentro de mí y abrir mi caja de Pandora… esa que muchas veces intento mantener al margen para “estar bien”. Porque, como mencioné antes, sí sé de dónde vienen todos esos sentimientos…
Desde hace cinco años vivo en un duelo continuo.
Un duelo que no he podido cerrar, y no porque no quiera, sino porque la vida no me lo ha puesto fácil.
Desde que perdimos a mi papá, en mi casa todo cambió profundamente: la dinámica y las rutinas familiares, la forma en la que disfrutábamos muchas cosas, incluso las más insignificantes… pero el cambio más significativo fue aprender a sostener a mi mamá. No desde la teoría, sino desde el día a día; desde ayudarla a intentar recomponerse sin conseguirlo del todo, hasta convivir con una tristeza que no siempre se decía, pero que se sentía en cada mirada.
Además, casi al mismo tiempo, la vida me empujó a tomar decisiones importantes. Decisiones que implicaron cerrar una etapa empresarial, de sueños que había construido con muchísima ilusión, de asumir pérdidas que no solo eran económicas, sino también profesionales.
Y cuando crees que, de alguna forma, empiezas a adaptarte… la vida vuelve a sacudirte.
Vuelves a sentir ese miedo que ya conocías, vuelves a estar en un hospital, vuelves a sentir ese nudo en la garganta y ese trauma que tu mente y tu cuerpo ya reconocen… porque, después del fallecimiento de mi papá, hubo situaciones muy fuertes que impactaron la salud de mi mamá, la de mi hermano, la mía y la estabilidad emocional de toda la familia… hasta llegar, el año pasado, al fallecimiento de mi mamá 🔗
Han sido cinco años en los que, prácticamente, cada año hemos vivido una pérdida. Y en medio de todo este tsunami de situaciones desafortunadas, la vida no se detuvo, porque así es la vida… no se detiene porque tú no estés bien.
Pero sobrevivir a algo así no es fácil… Así que llegó el momento en el que sentí que no podía más, cuando entendí que necesitaba ayuda. Para mí, la terapia no llegó como algo opcional, sino como una necesidad.
A pesar de todo, he intentado vivir este proceso no desde el drama ni el victimismo —porque sé que no soy la única que atraviesa situaciones así—, sino desde la resiliencia.
Gracias a la terapia, aprendí a mirarme desde otro lugar, a abrazar mi vulnerabilidad, a reconocer que no siempre sabía cómo gestionar lo que me pasaba… y a aceptar que no todo lo que yo consideraba fortaleza lo era.
En muchas ocasiones he escuchado decir que no hay que preguntarse “¿por qué?”, sino “¿para qué?”. Y honestamente, aún no logro entender por qué mis papás ya no están, ni por qué nos tocó vivir todo esto. Tampoco sé si hay un “para qué”. Y la verdad, no me quiero comprar la frase típica de “para que seamos más fuertes”, No.
Sé que por algo pasan las cosas, pero eso no significa que tener la sabiduría de aceptarlo haga que no duela. Lo único que ahora sé es que no hay aprendizaje inmediato… solo vivencias que forman parte de la vida.
Lo único certero, y lo que me reconforta, es que ellos ya no sufren.
Que la vida, efectivamente, continúa… y que depende de nosotros elegir cómo queremos vivirla.
No desde la perfección ni desde la exigencia de estar bien todo el tiempo, sino desde un lugar más honesto: aceptando que la vida no siempre es fácil, pero que, aun así, sigue siendo bonita.
Y que ser feliz, muchas veces, también es una elección 🤍✨
Me encantaría conocer también un poco de ti...
Si alguna vez has pasado por algo similar, me encantaría leer tu historia...
Con gratitud y cariño, me despido de ti. 💖✨
Rox Balam Experiences